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Ficciones del Caribe

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En su discurso de toma de posesión, Mauricio Góngora Escalante le agradeció al Roberto Borge Angulo el importante legado que le dejó a los quintanarroenses. Ante el abrumador aplauso de todos los presentes en el Congreso —un mar de guayaberas sonrientes—, el mandatario saliente, visiblemente emocionado, se levantó y saludó; la ovación duró cinco minutos.

Góngora Escalante prometió continuar «los programas sociales establecidos en la administración anterior», de cuyo éxito «somos testigos todos los pobladores de Quintana Roo». Invitó a su contrincante, Carlos Joaquín, a sumarse a su equipo o a ser parte de una oposición que construya, no que destruya.

En su primer discurso como gobernador repitió quince veces la palabra «turismo», catorce «unidad», once «triunfo» y siete «medio ambiente». Sólo en una ocasión pronunció «seguridad» y «combate a la corrupción». Dijo el nombre de Roberto Borge ciento tres veces —¡ciento tres!—, seguido en muchas ocasiones de adjetivos como «visionario», «comprometido líder», «primer quintanarroense».

En contraste, rubricó su primera intervención como mandatario de su Estado advirtiendo que él sería, a partir de ahora, «el capital del navío», marcando una sutil línea entre él y su antecesor. Un parricidio sutil, necesario, aunque para muchos analistas de café, teatral, ya que Borge sigue siendo el poder en la sombra, como en su ocasión fue Félix González.

Algo similar sucedió en Veracruz. Ahí, el nuevo gobernador Héctor Yunes Landa se deshizo en elogios a Javier Duarte, quien llegó incluso a las lágrimas en el sentido discurso. Pletórico, el político aseguró a los reporteros que lo entrevistaron después de la toma de posesión de Yunes Landa que siempre estará al servicio de los veracruzanos, y que no descarta una senaduría. Mientras, dijo, apoyará en todo lo necesario a su sucesor. Miguel Ángel Yunes, abanderado de la alianza perdedora PAN-PRD, no asistió al evento.

Pasó lo mismo en Chihuahua, donde el gobernador saliente, César Duarte, le robó reflectores al entrante, Enrique Serrano. En un ambiente festivo, nadie se acordó de las amenazas lanzadas en la víspera por el candidato perdedor, el panista Javier Corral, quien ya cuenta con varios documentos que podrían demostrar ante tribunales sus denuncias de fraude electoral. «Lo mismo hizo cuando perdió la presidencia de su partido… Y no pasó nada», minimizan así los priistas las quejas de Corral. Y tienen razón.

Los triunfos de los candidatos priistas en diversos estado ponen al PRI en ventaja rumbo al 2018. Eso lo declaró en reciente entrevista el presidente Enrique peña Nieto, quien no perdió la oportunidad de destacar el papel de Roberto Borge y Javier Duarte, paradigmas del priista moderno.

El entrevistador pidió que se transmitiera un video tomado en 2012, cuando Peña Nieto era aún candidato a la presidencia. En éste, habló de la nueva generación de políticos del PRI. «El gobernador de Quintana Roo, Beto Borge; de Veracruz, Javier Duarte; César Duarte, gobernador de Chihuahua; el de Campeche, todos son parte de un generación nueva, que son parte de este proceso de renovación del partido», dijo entonces. «¿Piensa lo mismo?», le preguntó el periodista. «Exactamente lo mismo. Sostengo cada palabra que dije».

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Lo anterior, afortunadamente, es una ficción; nunca sucedió. Carlos Joaquín le ganó a Góngora, Miguel Ángel Yunes aplastó a su primo Héctor y Corral venció sin despeinarse a Serrano. Beto Borge no fue a la toma de posesión de Joaquín, donde la sola mención de su nombre provocó abucheos y chiflidos; se investigan actualmente numerosos actos de supuesta corrupción, principalmente relacionados con adquisiciones de grandes extensiones de tierra. Nadie sabe dónde se encuentra.

Las autoridades ofrecen cincuenta millones de pesos a quien ofrezca información sobre Javier Duarte, quien protagonizó una ridícula fuga al anunciar primero su licencia para hacer frente a las acusaciones que se le hacían. Se han documentado, hasta el momento, varias docenas de empresas fantasma por medio de las cuales este político saqueó las arcas de su estado. Su estatus actual es el de prófugo de la justicia.

El gobierno del estado de Chihuahua integra cerca de 50 expedientes para interponer denuncias penales y administrativas contra el ex gobernador César Duarte y varios colaboradores cercanos, ratificó ayer el actual mandatario Javier Corral Jurado.

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Borge y los Duarte son ahora perseguidos únicamente porque perdieron las elecciones. Si sus candidatos hubieran ganado, en lugar de villanos serían los héroes de la historia. La ficción escrita al principio pudo pasar. Ya nos demostró el PRI qué tan rápido olvida y que tan laxa es su moral, al incluir, en días pasados, a Humberto Moreira en su consejo nacional. El ex gobernador de Coahuila, vale la pena recordar, fue acusado de de corrupción, lavado de dinero y crimen organizado. «Nunca me comprobaron nada», dijo. «Nunca le comprobaron nada», dijeron. La justicia, entonces, depende de lo que arrojen las urnas. El futuro de un funcionario depende del éxito o fracaso electoral. En México, ser inocente o culpable es algo circunstancial; lo que cuenta es si ganas o pierdes.

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