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De nueva cuenta: las muertas de Cancún

De nueva cuenta: las muertas de Cancún
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Por Nicolás Durán de la Sierra

Por andar de hacedor de preámbulos o prolegómenos, al gusto, en la pasada edición El Escriba vagó entre chismes que hasta llegaron a poner en duda hasta la talla moral de don Pierre Fredy de Coubertin, autor de los actuales Juegos Olímpicos, y diatribas contra quienes encabezan el aparato oficial de nuestro deporte, es decir los holgazanes de don Alfredo Castillo, de la CONADE, y don Carlos Padilla, del Comité Olímpico Mexicano.

En realidad más que holgazanes son un par de redomados sinvergüenzas que bien están donde se hallan, en la borcelana de la opinión pública nacional. La tal borcelana es conocida en árabe españolizado como aljofaina, que es una hermosa palabra aunque con sucio significado: bacinica, como le dicen por aquí. Pero nos alejamos del objetivo de este mínimo exordio, que es el de explicar el desvarío de la columna pasada.

No es que al que escribe le guste mucho eso de andar con  explicaciones, que no disculpas, pero a veces se precisan. Por cierto, metidos en excusas, la colección de rústicos que cobran en la subsecretaría de cultura deben una y grande a Margarito Molina, autor del basamento histórico y legal para que el maya pax o ‘música maya’ pudiera ser considerada como Patrimonio Inmaterial de Quintana Roo. Honor a quien honor merece.

Él y las antropólogas Meztli Suarez y Karina Rivero, más con dinero propio que con apoyo oficial –apenas les dieron poco más de veinticinco mil pesos- tras meses de trabajo realizaron La música de la guerra y de los dioses, documental en el que se recopila, además de la música, aspectos de la vida cotidiana de los mayas macehuales descendientes directos de aquellos que libraron la Guerra de Castas. Historia viva, pues.

El caso es que el pasado domingo, el gobernador Roberto Borge y su docta corte, muy contentos todos ellos aunque no supieran, bien a bien, de que iba el asunto, hicieron caravana con sombrero ajeno en Felipe Carrillo Puerto, el pueblo disque ‘Corazón de la Zona Maya’. Allí, discurso tras discurso de modo tácito se atribuyeron la investigación y avisaron que iban en pos de más patrimonios intangibles, que nunca están de sobra.

Palurdos que son, ignoran que los patrimonios intangibles, los hechos con “cariñito azucarado que sabe a bombón”, son más difíciles de hallar que un pokemón, pero hay un Dios que todo lo ve… Thot, en el panteón egipcio, el que se simboliza con un gran ojo. Se suplica al lector no incluir en el sarcasmo a doña Lilián Villanueva, subsecretaria de Cultura, porque está muy bonita y, dicen, baila bien el Chachachá.

Su belleza y acaso su habilidad para la danza tropical son  atributos para cualquier dama y por ende deben ser valorados y hasta exaltados, que academia y cultura son meros accesorios. Además, sería ruin incluirla en la ironía cuando la Secretaría de Cultura, antes Conaculta, le audita hasta la sombra. No es la única a la que la Federación investiga, pero sí la más bonita y eso tiene su merito. Cuentachiles los de la Federación.

Vaya un reconocimiento para la labor de los antropólogos antes citados. Tal parece que para el sexenio por venir se tendrá que hacer justicia y reparar daños en todo ámbito, que esto parece estercolero. Pero noto que de nuevo nos apartamos del objetivo… Mejor dejemos en paz las explicaciones y vamos, sin más perifollos, a uno de los asuntos que quedó en el tintero la semana pasada:

Dentro de la ola de violencia delictiva que flagela a todo el Estado y en especial a Cancún, donde los “levantones” y las ejecuciones se han vuelto cotidianos –hace unos días ocurrieron tres asesinatos a sangre fría entre operadores de los cárteles-, destaca el incremento en el número de mujeres asesinadas. La más reciente se llamaba Margarita, tenía 21 años, una hija de brazos y fue asesinada en la Región 218 de la ciudad turística.

Es posible que su nombre no diga nada a la mayoría de los lectores, pero su muerte es un dramático llamado de atención respecto de la violencia contra la mujer que se vive en Cancún. Hace pocos meses apenas, más de cinco mil personas exigieron en la céntrica Plaza de la Reforma que se declara la ‘alerta de género’, pero las autoridades no oyeron o, mejor, quisieron no oír el reclamo. Y sigue la cuenta sangrienta.

Más allá de si se trata de feminicidios, de crímenes simples o pasionales -que los especialistas se encarguen de la siniestra tipificación-; más allá de esto, el hecho es que en lo que va del año cuando menos ocho mujeres han muerto en situaciones similares, con saña, y hasta ahora la mayoría de los asesinos no han sido aprehendidos. De la ineficiencia de las policías, no vale la pena hablar. Y, claro, sigue la cuenta sangrienta.

Una de las tareas por enfrentar para el gobierno de Carlos Joaquín González, que de éste nada se puede esperar, será el detener la espiral de violencia estatal y en especial la que se da contra la mujer. Declarar la ‘alerta de género’, pedir la ayuda de policías especializados en esta materia es una opción que no se debe descartar. Ello, además de analizar la descomposición del tejido social de la comunidad que genera la propia violencia.

Para terminar con el tema de la delincuencia organizada, aunque sea de “cuello blanco” y tal y como recién lo advirtiera el exalcalde de Cancún Julián Ricalde Magaña,  las empresas de transporte urbano Turicún, Autocar y Maya Caribe amagan con aumentar, los primeros días de septiembre, el costo del pasaje. Pretenden aumentar la tarifa entre un peso y uno cincuenta en todas las rutas de la ciudad turística.

Arguyen que el ajuste es debido al costo de las refacciones, además del impacto de los frecuentes gasolinazos de Peña Nieto.

Dan por hecho el aumento en el pasaje porque, hoy por hoy, no hay autoridad que los frene, pues confían en la generosa y más que cómoda indiferencia del alcalde don Paul Carrillo, quien no encuentra glamour alguno en eso de reñir con camioneros, por más sortijas y cadenas de oro que traigan colgando.

Razón tiene el edil de Benito Juárez, pues la verdad es que discutir con los pillos empresarios camioneros -aunque tengan relojes Rolex y camisas de marca, monos se quedan-, resulta un engorro. Algunos llegan al cabildo con sonsonetes de Reggaetón de Wisin y Yandel, lo que es un abuso. En realidad se llaman Llandel Veguilla Malavé y Juan Luis Morera Poyé, que no son nombres de cristiano, que lo sepan todos.

Empero -dicen que la esperanza es la última en morir- si el gobierno municipal y la comisión estatal de transporte por una vez cumplieran con su deber, que es proteger los intereses de la comunidad, podría evitarse una injustificada alza tarifaria pues las líneas camioneras no han cumplido con el Plan de Movilidad Urbana de Cancún, al que se comprometieron por escrito y el que hasta ahora sólo sirve de adorno.

El estado de los camiones continúa siendo pésimo, la falta de unidades en las rutas periféricas, donde se halla el grueso de la población, es evidente; se carece de un sistema de horarios en las propias rutas y, en fin, hasta es baja la calidad operativa de la mayoría de los choferes urbanos. El margen de ganancia de los empresarios, aunque lloren y hablen de pérdidas, es muy alto respecto del servicio que prestan.

El costo del pasaje del transporte urbano en Cancún, está entre los más altos de México, y como se reiteró, su calidad es pésima. Por el irracional diseño de las rutas, la mayoría de los empleados tiene que tomar dos y, a veces, hasta tres autobuses para llegar a sus destinos. Gastan hasta cuarenta pesos por día en ello, que es mucho si se considera los dos salarios mínimos que por lo general se pagan en la zona hotelera.

Cumplida los apuntes pendientes desde la semana pasada, quedan ahora pendientes los de ésta que, sólo por congruencia, habrán de ser abordados en la siguiente entrega. Entre ellos, la suculenta glosa de la entrega del premio de poesía 2016 de Isla Mujeres, que obtuvo el cubano don Carlos Zamora de manos del edil Agapito Magaña, y la entrega de la edición del poemario por parte del ayuntamiento y la Gaceta del Pensamiento.